Hace pocos domingos se pidió dinero en la parroquia para contribuir a mitigar el sufrimiento de Haití como consecuencia del devastador terremoto que han sufrido. Un país entero ha desaparecido y sus estructuras sociales, políticas y económicas están arrasadas.
En medio de tanta destrucción la solidaridad internacional aparece como un signo de esperanza para los haitianos y para el mundo, este mundo que a veces parece no creer ya en nada. Los cristianos debemos liderar la mentalidad de ponernos en la piel del otro y, por ello mismo, debemos implicarnos material y existencialmente con situaciones como ésta que, sin duda, nos acompañarán durante todo este año.
En la parroquia nos podemos ir felicitando por haber conseguido una contribución que ha triplicado lo que normalmente se consigue un domingo cualquiera. Este es el camino. Ciertamente, podemos decir también que no nos debemos quedar satisfechos y no debemos vanagloriarnos con el resultado alcanzado; pues hará falta mucho más mientras nosotros disfrutamoss de nuestro confort, pero es un buen comienzo. Vienen a cuento las palabras de la madre Teresa de Calcuta, icono del s.XX y referencia para todos nosotros, cuando dijo aquello de que nuestra acción no deja de ser una gota en el océano pero sin ella al océano le faltaría algo. Pues eso. Aunque sea una gota hay que dar y difundir la cultura del dar. Hoy más que nunca.
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