1. Is. 50,4-7: El Mesías es un siervo. Viene a levantar a los decaídos.
2. Flp. 2,6-11: Jesús inició su descenso, de Dios a servidor, llegó hasta los infiernos, y decían: “Jesucristo es Señor”, Jesucristo es Salvador.
3. Lc. 22,14-23,56: Relato de la Pasión. Repite palabras de perdón, misericordia y consuelo.
Reflexión:
* No te bajes de la cruz. Decían los que pasaban ante Jesús: “Si eres Hijo de Dios, “sálvate a ti mismo” y “bájate de la cruz” . Esa es nuestra reacción ante el sufrimiento: salvaros a nosotros mimos, evitar la cruz. ¿Será Dios así? ¿Alguien que solo piensa en sí mismo y en su felicidad? Jesús no responde a la provocación de los que se burlan de él. Su respuesta es el silencio. Solo rompe el silencio para dirigirse a Dios con un grito desgarrador: “Dos mío, ¿por qué me has abandonado? No le pide que lo salve bajándolo de la cruz. Sólo que no se oculte, ni le abandone. Y Dios su Padre, permanece en silencio. Al contemplar al crucificado, nuestra reacción no es de burla, sino de oración confiada. Es difícil imaginar algo más escandaloso que un Dios crucificado. Esta semana santa al besar la Cruz, quiero besar a todos los crucificados, pedirles perdón y ver en ellos a ese Dios crucificado que me llama recordarlos y defenderlos siempre.
* Más que la vida. La primera palabra de Jesús no es la cruz sino el anuncio de una buena noticia: la bondad infinita de Dios que quiere la felicidad total del hombre. Toda la vida de Jesús ha consistido en una lucha contra el sufrimiento producido por los hombres, y una esperanza para dar sentido a la cruz inevitable de nuestra existencia finita y mortal. Pero no hemos de olvidar que esta Buena Noticia propuesta por Jesús ha sido frontalmente rechazada y ha provocado una reacción contra él. Jesús ha experimentado en su propia carne que es peligroso “ir demasiado lejos” en el amor a los crucificados. “La vida en la tierra no es el valor supremo”. Hay cosas por las que merece la pena entregar la vida. Morir así es un valor supremo. En el crucificado descubrimos que es el amor a Dios y la solidaridad con los hermanos lo que da sentido último a todo nuestro ser y nuestro hacer. Hay un modo de vivir y de morir que no se perderá jamás en el vacío. Hay algo que es más fuerte que la misma muerte y es el AMOR. La resurrección nos revelará todo el vigor y la fuerza salvadora que se encierra en esta vida sacrificada. La vida entregada por amor nunca será vencida. Al contrario, encontrará su plenitud en la vida misma de Dios.
- Inicie sesión o regístrese para enviar comentarios





